Opinión

Autor: Gustavo Márquez Marin

10:18 am
17
Ago
2015

Polar alertó que dejaría de producir cerveza por falta de divisas para importar el aluminio laminado requerido para elaborar los envases. Mientras tanto, en Guayana se hace aluminio primario, la materia prima de la que se deriva este. ¿Por qué esa contradicción? Según el informe de gestión de Pdvsa, en el país se refinan 1.300.000 barriles diarios de petróleo, solo 46% del total. Si las refinerías son grandes locomotoras de la industrialización, ¿por qué desde hace tres décadas se ha venido reduciendo la refinación interna? El petróleo se transporta en grandes buques fabricados con acero, aluminio, electrónica y plásticos, lo cual requiere una fuerte actividad de mantenimiento. ¿Por qué Pdvsa no ha promovido la formación de un conglomerado naval? ¿Por qué no ha cuajado la asociación estratégica CVG-Pdvsa existiendo un alto potencial de complementación entre ambas? ¿Por qué sigue siendo marginal la participación de la investigación científica y tecnológica en el desarrollo socioproductivo del país? El presidente Chávez creó el “plan semilla” para impulsar la soberanía alimentaria. Han transcurrido 10 años de su lanzamiento y aún se importa, entre otras, 100% de las semillas de hortalizas y 35% de las de papa. ¿Qué pasó?

Estas y otras interrogantes deben ser respondidas de entrada por la comisión que designó el presidente Maduro para formular el “plan de sustitución de importaciones”. Esa política implantada en los años 60 no ha cambiado su carácter rentístico fallido porque parió una industria manufacturera parasitaria, dependiente de las importaciones y también una industria petrolera de enclave. Se basa en la lógica neocolonial, que promueve la integración hacia fuera y la desintegración hacia dentro de la estructura productiva.

Debajo de la piel de los burócratas, empresarios y banqueros rentistas, hay un potencial importador ávido de acceder a la riqueza fácil mediante la corrupción, las ganancias obscenas y la centrífuga de capitales. Para que la sustitución de importaciones no sea más de lo mismo, debe ser endógena. Ello supondría un cambio radical en la gestión de las empresas del Estado, incluyendo Pdvsa, y una nueva política económica que impulse la extracción de raíz de la cultura rentista. No hay otra opción.

 

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