Opinión

Autor: Roberto Malaver

11:54 am
04
Dic
2015

Cinthya Machado Zuloaga me pide que la anuncie como si fuera diputada porque quiere hablar. Y entonces le digo: “Tiene la palabra la diputada Cinthya Machado Zuloaga”.

Y ella se pone de pie y dice: “Buenos días, señor presidente. Buenos días señoras y señores. Asumir hoy la palabra en este importante lugar, es para mí, muy reconfortante. Muy gratificante. Sobre todo porque he venido observando las miserias que han escrito en la prensa articulistas que todavía, a pesar de que ya se sabe que la muerte del secretario municipal adeco, no fue más que un ajuste de cuentas entre bandidos, sin embargo, en un periódico europeo, dice uno de sus cronistas, que fue un asesinato político y que el asesinado era candidato. Es lastimoso y vergonzoso. Pero esa es una mediocridad que nos hiere, que nos hace daño, y que está ahí. Por eso he querido hablar hoy aquí, porque siento que apartando mediocridades como la señalada, estamos llegando a encontrarnos en la inteligencia, en la esencia, en la hermandad, o lo que es lo mismo, en la humanidad”.

El mesonero, que tenía rato parado a su lado escuchándola, coloca la botellita de agua Evian y el café negro sobre la mesa y se larga a aplaudir. Termina de aplaudir y sigue allí de pie, adorando a la nueva diputada.

Y sigue la diputada Cinthya con la palabra: “Hemos llegado hasta aquí a pesar del acoso electoral por parte de jefes de gobiernos que nunca supieron gobernar a favor de la decencia porque no les importó, a pesar de los medios de comunicación y sus dueños, quienes nunca pusieron de su parte un poco de honestidad, sino todo lo contrario, las mayores ansias de rapiña y malevolencia. Por eso debemos agradecer estas elecciones, porque nos han permitido conocer y reconocer a los que nos habían vendido como los mejores, como los defensores de una democracia para llevar, como los intachables, y sucede que ahora se nos han mostrado como lo que verdaderamente son: sinvergüenzas a tiempo completo”.

Algunas personas se han detenido cerca de la mesa para escuchar a Cinthya, y ella tan bella y tan elegante, termina diciendo: “Por eso, señor presidente, señoras y señores diputados, los quiero invitar a incorporar un poco de decencia a nuestras conductas que, con toda seguridad, no nos vendría nada mal. Nos vemos en la Asamblea”.

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