Opinión

Autor: Carola Chávez

09:50 am
02
Nov
2015

Desde Estados Unidos, donde un voto no equivale a un votante, donde una aberración llamada “votos electorales” que significa que el voto de un californiano vale mucho más que el voto de, digamos, un residente de Alabama. Un sistema que permitió que George W. Bush ganara la presidencia a pesar de que su contrincante, Al Gore, había sacado 500 mil votos más que él. Allá, donde se decidió esa elección por la absurda diferencia de 0,0092%, precisamente en el estado de Florida, donde gobernaba Jeb Bush, cachorro de la misma camada del aspirante favorecido con los 25 votos electorales floridanos que necesitaban para imponer en la presidencia a ese hijo de su genocida padre.

Desde allá, donde tener antecedentes penales te priva del derecho al voto, aun habiendo cumplido la condena; allá, donde la justicia pesa más sobre negros y latinos, que representan más de 60% de los presos, siendo estas dos minorías juntas menos de 30% de la población, allá donde a los pobres se los deja sin voz ni voto forever.

Desde allá, donde se celebran elecciones cualquier martes dejando tu voluntad de ir a votar sujeta a la voluntad de tu jefe de dejarte ir. Allá, donde los resultados electorales no los emite una institución del Estado sino las empresas privadas de televisión. Desde allá, exigen venir a observar nuestros procesos electorales para luego avalar, o no, nuestra elección, porque aquí no entendemos la democracia y eso es un peligro… para ellos.

Desde aquí, al grito de ¡al carajo la soberanía que estamos defendiendo la democracia!, nuestros neocolonizados piden la intervención extranjera para superar sus frustraciones. “Bush, help us, Chávez is a killer”, decía una pancarta en una marcha en 2002, ignorando lo que una “ayudaíta” de Bush, de cualquier presidente de Estados Unidos, significaría para nuestro país, para nuestra gente… para ellos mismos.

Los que claman que no es lo mismo el voto de un chofer que el de un doctor, los que han desconocido todas las elecciones -con observadores o no-, los que iban a mostrar las pruebas del fraude que nunca mostraron, los que descargaron su arrechera; hoy, en nombre de una democracia hecha a la medida de su ombligo; oootra vez cantan fraude adelantado porque no aceptamos que sus observadores vengan acá a cantar fraude por ellos.

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