Opinión

Autor: Francisco Rangel Gómez

01:55 pm
10
Abr
2015

El ímpetu del pueblo venezolano está manifiesto. 10 millones de patriotas salieron a rechazar con contundencia las pretensiones injerencistas del Gobierno norteamericano; en un sentir colectivo que no distingue color político, mujeres y hombres compatriotas unimos fuerzas para exigir respeto a nuestra soberanía. Junto a nosotros un despliegue internacional de voluntades y acciones que acaparan la atención del mundo con un mensaje preciso: Venezuela no está sola.

Porque ha sido la nación que levanta su voz para denunciar los atropellos imperiales demoledores de pueblos enteros que acaban la vida de niños, niñas, jóvenes. La esperanza de cualquier nación; somos los venezolanos quienes ofrecemos centros de acopio desde distintas instituciones para albergar la contribución de miles de familias y por eso no ha faltado ayuda humanitaria proveniente de Venezuela en los escenarios más hostiles de los países en guerra.

Es nuestra patria ejemplo de paz, de concordia, de futuro que abrió las puertas a tantas familias inmigrantes que a mediados del siglo pasado debieron abandonar sus propios países a consecuencia de períodos desalentadores de posguerras y encontraron en este suelo todas las oportunidades que no encontraron en otro lugar. Son millones de extranjeros que dicen con orgullo “soy venezolano”, porque aquí nacieron sus hijos, en el país de las oportunidades infinitas.

Es Venezuela generadora de la integración suramericana, del despertar de las naciones que no están solamente en “vías de desarrollo” sino que trabajan en integración con grandes potencias aliadas que ven en este Sur el futuro de la humanidad. Somos orgullosamente los precursores de una corriente sociopolítica de este siglo que se propaga en el mundo en procura del despertar hacia la justicia social, porque queremos para nuestros hijos e hijas, para nuestros nietos, un futuro donde prevalezca lo humano sobre lo material.

Por miles de razones, certeras y tangibles, es que tantos países amigos ratifican en distintas lenguas que Venezuela no es una amenaza, sino una verdadera esperanza.

Tenemos suficientes motivos para continuar adelante, principalmente la verdad y la moral, premisas muy nuestras que estarán en la Cumbre de las Américas.

 

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