Opinión

Autor: Marciano

09:14 am
28
May
2010
LAS ELECCIONES PRESIDENCIALES de Colombia el próximo domingo serán de infarto. Es mucho lo que en ellas se juega. El uribismo, a través del ex ministro Juan Manuel Santos, aspira a proyectarse hacia el futuro. Garantizarle al actual Presidente su posible vuelta al poder y cubrirle las espaldas. Porque si algún mandatario en el mundo merece que se le juzgue es precisamente Álvaro Uribe. No hay delito que no haya cometido desde la Casa de Nariño: Peculado, crímenes de lesa humanidad, masacres, relaciones con el narcotráfico que lo catapultaron a la Presidencia. Él lo sabe y también lo sabe su pupilo, Santos, quien tiene cuentas pendientes no sólo con la justicia colombiana sino con la ecuatoriana por el ataque armado a esa nación.

LA OPCIÓN ANTE EL URIBISMO, hasta ahora, es Antana Mockus, un curioso dirigente político que encarna la antipolítica, indefinido ideológicamente, quien para amplios sectores de la población luce como algo diferente. No tiene los ilustres apellidos de la casta que durante siglos ha dominado al país, y no se maneja dentro de los esquemas y los estereotipos que caracterizan a los políticos y a la política colombiana. Es otra cosa y por eso su atractivo.

EN UNAS ENCUESTAS Mockus aparece con ventaja sobre Santos, en otras estarían empatados y en algunas el ex ministro de Defensa está por encima del ex alcalde de Bogotá. Cuando Santos se sintió derrotado, abrumado por el margen de ventaja de Mockus, apeló a la guerra sucia. Contrató a un mercenario en publicidad cloacal, venezolano por cierto, J.J. Rendón, para que le hiciera un traje a la medida a Mockus, y entonces comenzó el calvario para éste. Se le ha dicho de todo: Instrumento de Chávez, aliado de las FARC, ateo, frívolo, son algunos de los ataques que han logrado hacer mella en la campaña de Mockus y la recuperación de Santos en las encuestas. ¿Por qué? Porque el efecto mediático, cuando no hay una clara posición política, cuando no hay definiciones ideológicas transparentes, cuando existe ambigüedad, logra su cometido. Que es lo que no ha ocurrido, por ejemplo, en Venezuela, con Chávez, cuyo prestigio no ha naufragado ante los ataques feroces de la mafia mediática porque tiene un claro planteamiento político-ideológico que lo blinda.

¿QUÉ VA A PASAR el próximo domingo en el vecino país? Cualquier cosa. Puede que gane Santos y la situación se deteriore aún más. De eso no hay duda. Colombia seguiría aislada, con las relaciones rotas con vecinos importantes. Y seguirá la misma política de violencia de Uribe porque éste no permitirá que el sucesor la desmonte. Si gana Mockus hay que pensar en cualquier cosa, desde que lo maten como históricamente ha ocurrido en ese país con los liderazgos que no garantizan el dominio de la oligarquía y de las diez familias que controlan todo; que se posesione y evidencie de inmediato sus debilidades, o que se decida a avanzar, no necesariamente con una política revolucionaria sino simplemente democrática, que ya es mucho.

OJALÁ SE IMPONGA la racionalidad en los vencidos. Hay reacciones interesantes, expectativas que hasta ahora no se veían, y por eso el negro túnel en que se metieron los colombianos buscando “seguridad democrática” para ser emboscados por la política más sucia que conoce la región. ¿Habrá luz en el túnel este domingo? Veremos. Lo sabremos ese día por la noche.-

 

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