Opinión

Autor: Asalia Venegas

10:46 am
22
Oct
2015

¿Cómo se subasta un país? ¿Quién da más, quién da más? Esta derecha oligárquica -aunque suene redundante decirlo- no aprende. No aprende de la historia y no le interesa el pueblo. Después de 26 años y con los avances y los logros habidos en el país en los 15 años de revolución, suena anacrónico que se apele a las siglas del FMI, que es un nombre de muy ingratos recuerdos y defenestrado en el continente por los gobiernos de avanzada.

Así es. El gran capital, la cabeza del mayor oligopolio en el país y el ultraconservador que no solo le vendió su alma al diablo hace más dos décadas, sino que ahora se la revendió a todas la organizaciones que anhelan ponerle la mano a Venezuela. Ricardo Haussman, ahí donde usted lo ve, sin pruritos, sin cargos de conciencia, como una especie de gurú tropical -aunque vive en el norte- decidiendo a quién le van a ofertar nuestra nación.

En el debut número dos de CAP, con el Gran Viraje, llegaron los cuatro jinetes del apocalipsis: Miguel Rodríguez, R. Haussman, Moisés Naim y Gerver Torres. A ellos se unió Pedro Tinoco con el Latino, quien llevaba las riendas de las finanzas públicas. Todos, después de la debacle económica del país, se fueron como grandes asesores de los organismos financieros internacionales. Diseñaron el paquetazo de medidas económicas que implementó Pérez y que nos llevaron al Caracazo.

Mendoza y Haussman hablan de la venta de un país como quien vende una cerveza, una malta o una harina de maíz. Se olvidan de un pueblo que fue vejado en febrero de 1989, pero se levantó, conoció a Chávez con su “Por ahora” en 1992 y ha transitado con él en sus luchas desde 1998 y ahora continúa en el camino del proceso bolivariano, junto a Nicolás Maduro, por la patria.

La concepción del Estado y de la soberanía que tienen Mendoza y Haussman, aflora en el intercambio telefónico que hacen y que deriva en lo peor del neoliberalismo, donde lo que importa es el saqueo de los recursos, obtener divisas de los entes financieros a cambio de la entrega de la República. De ocurrir esto -que negamos como hipótesis-, desaparecerían todas las misiones y los subsidios y se privatizarían todas las empresas, hoy bajo el control estatal. Sería la hora de los buitres. ¡Esto no ocurrirá!

 

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