Opinión

Autor: Carmen Bohórquez

12:18 pm
21
Oct
2015

En estos tiempos de recrudecimiento de los ataques de la derecha contra los procesos revolucionarios que desde hace casi dos décadas vienen cambiando la faz de la historia en Nuestra América, no podemos dejar de mencionar el flaco servicio que le están haciendo a la lucha de los pueblos por construir una alternativa al neoliberalismo, los opinadores políticos de izquierda que de manera contagiosa, se han lanzado a publicar todos los días sesudos artículos sobre “El fin del ciclo progresista en América Latina”, dando por muerto a quien está hoy luchando denodadamente por su vida, por seguir construyendo la esperanza, por afianzar los pasos gigantescos que ha venido dando en la conquista de la justicia, de la igualdad, de la inclusión y en general, de la máxima felicidad posible.

Habría que decirles a estos articulistas, “no me defiendas tanto, compadre”. Deja tanta teoría derrotista y únete a la lucha. Nadie dijo que esta batalla sería fácil ni corta. Apenas el pueblo ha comenzado a andar en su camino de liberación y en lugar de asumir posiciones de derrota, alegrémonos de lo andado. Estamos obligados a fortalecer la unión, a radicalizar el compromiso y a acelerar la transición a socialismo; y en esto se debe ir la vida de esta generación y de las que vienen detrás.

Sin duda no podemos permitir que la corriente derrotista, cobarde, que algunos ideólogos de izquierda han asumido, se apodere de nosotros y nos suma en la inacción. Vivimos una oportunidad histórica que no se volverá a presentar si nos declaramos derrotados. El siglo XXI, gracias a los procesos revolucionarios que han surgido en Nuestra América, se está presentando como un siglo de renacimiento de la Humanidad. Renacimiento que se hará posible en la medida en que estos pueblos en insurgencia logren, en clara conciencia del desafío, actuar fuerte y concertadamente para hacer pronta realidad esa forma histórica nueva en la que sea posible una vida digna para todos y todas, en paz y con justicia.

Afortunadamente, la clave del advenimiento de ese mundo nuevo no está en estos opinadores de izquierda, ni menos en los de la derecha, a pesar de todo el poder que se mueve detrás de ellos. La clave está en el poder popular, que es el que ha hecho posible este cambio de época en Nuestra América. En la medida en que este poder popular se acreciente y se consolide, en esa medida la transición al socialismo se hará irreversible.

En Venezuela ha sido el poder popular el que ha logrado que la Revolución Bolivariana haya logrado avanzar hasta donde estamos hoy; esto sin desmerecer la acción detonadora, estimulante, estratégica, apasionada de ese gran hombre, de ese gigante que fue y que sigue siendo Hugo Chávez. Se conjugaron dos fuerzas históricas: un pueblo que mantuvo vivo el espíritu de lucha por su liberación definitiva por más de 500 años y el hombre que supo encarnar esa rebeldía, esas ansias de justicia, de igualdad, de inclusión, pero que al mismo tiempo tuvo la humildad necesaria para darse cuenta, parafraseando a Bolívar y como él mismo solía repetirlo, de que no era más que una débil paja arrastrada por el huracán revolucionario. ¡Qué distinto de aquellos que se creen la encarnación de Marx y desde su errada prepotencia se atreven a declarar fracasadas las heroicas luchas de los pueblos!

 

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