Opinión

Autor: Francisco Rangel Gómez

10:45 am
05
Dic
2014

La diferencia entre un sistema capitalista y un sistema socialista tiene un punto esencial: mientras que en el primero prevalece lo material, en el segundo impera el bienestar del ser humano.

La diferencia entre un sistema capitalista y un sistema socialista tiene un punto esencial: mientras que en el primero prevalece lo material, en el segundo impera el bienestar del ser humano. Un gobierno capitalista mide la utilidad de los individuos, quienes merecerán de acuerdo con la “productividad” que arrojen; un gobierno socialista genera oportunidades en procura de satisfacer las necesidades de todos y cada uno de los ciudadanos, sin distinciones, en igualdad de derechos y condición.

Un ejemplo tangible sucede en España, donde actualmente cientos de familias que viven en situación de alquiler (porque se hace cuesta arriba comprar una propiedad) hoy son desalojadas si atrasan un pago mensual, sin titubeos y sin derechos, les aplican el “desahucio” y son despojados de sus viviendas… o de sus trabajos, porque la crisis que afronta ese país la paga el pueblo; ha cerrado las puertas de empresas enteras, mientras otras se ven obligadas a aplicar reducción de personal, elevando la tasa de desempleo y pobreza.

Es la misma realidad que viven varios países de lo que denominamos “primer mundo”. Distinto sucede en Venezuela, donde el Gobierno nacional afronta diariamente los embates de una cruzada contra nuestra economía, incluyendo la baja en los precios del petróleo; si continuáramos los preceptos capitalistas, tocaríamos los intereses del pueblo: se elevarían los impuestos, se crearía una “crisis” que golpearía la inversión privada y ello acarrearía desempleo, inestabilidad, miseria.

En Venezuela contamos con un gobierno que prioriza las necesidades del ser humano, que prefiere tomar medidas económicas que reduzcan los gastos del Estado para continuar llevando adelante fundamentales iniciativas como las misiones sociales; para seguir construyendo viviendas y escuelas, para ofrecer salud de primera y gratuita; para seguir honrando a nuestros abuelos con una pensión que también fue rectificada y ajustada por este gobierno socialista.

En Venezuela, a diferencia de otros países que creíamos plenamente “desarrollados”, respetamos al ser humano y sus derechos son prioridad, medimos nuestro éxito en el bienestar de las familias, en la inclusión a servicios y en la preparación de nuestros niños y jóvenes… más allá de índices bursátiles.

 

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