Opinión

Autor: Carola Chávez

02:47 pm
14
Dic
2015

Apenas la manito ganó la Asamblea, saltaron sus dueños a cobrar. Borrachos de un poder absoluto que no ostentan -porque hay que recordar que el Poder Legislativo es solo uno de los cinco poderes del Estado-, exigen la derogación de toda ley que regule su insaciable sed de lucro.

Fieles a la tradición del Carmonazo, Fedecámaras exige derogar la Lottt, mientras Consecomercio añadía eufórica: “¡Y la ley de precios justos que jamás acatamos!”; Fedenaga, que arremetan contra la Ley de Tierras; y la Cámara Inmobiliaria, que pulvericen la Ley de Arrendamientos. Cavidea, los supermercados que administraron las colas durante estos dos años, exigen 3.500 millones de dólares “para poder producir” (más para sus bolsillos).

De ahí para abajo todos piden. Hasta personajitos intrascendentes levantan sus voces, como aquel que transfirió a la Ley Resorte lo que quisiera hacerle al chavismo: “Desmantelarlo, destruirlo y pisotearlo”.

Administrando su victoria con mano derrochadora, Ramos Allup juega adelantado con miras a arrebatarle la presidencia de la AN a Julio Borges que, a su vez, juega al comedido con las costuras expuestas. Ramos busca sumarse al sector más histérico de la oposición, el que quiere ver correr la sangre, antes de que a algunos pendejos les de por cumplir la promesa de campaña de liberar a Leopoldo -y a Rosales, y a otros que ya no nombran ni nadie recuerda-Ramos no solo le pica adelante a Borges, sino que, en un chillón juego de bandas, le sopla el bistec a Leopoldo López enamorando a sus locos con gritos y gestos destemplados.

La promesa de acabar con las colas, su bandera de campaña, la desmienten con desparpajo. Nosotros nunca prometimos eso, dicen, sin tener siquiera la decencia de bajar los pendones de campaña que aseguran lo contrario. La Ley Cero Colas de la MUD quedó colgada para que la destiña el sol.

En los supermercados aparecen milagrosamente productos que hace siglos no veíamos: jabón Las Llaves, mayonesa, leche, margarina tapaarterias para tirar pa’l techo; como válvula de escape, como para reforzar la falsa sensación de alivio victorioso que no va a durar, porque la cola los llevó a la AN y ellos todavía quieren más. Por eso la promesa rota, por eso el augurio de Julio Borges que asegura que la escasez se va a agudizar. En fin, el Cambio.

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