Opinión

Autor: Earle Herrera

11:20 am
23
Oct
2015

El cruento Caracazo, con sus miles de muertos y sus fosas comunes de La Peste, lo quiso sintetizar el jefe adeco, Gonzalo Barrios, en una metáfora macabra: “Hemos recibidos el beso mortal del FMI”. Los aduladores de Barrios destacaban su refinada cultura parisina, al punto de considerarlo más francés que el mismo que galicado. Sus frases casi se convertían en aforismos, como aquella de que “en Venezuela se roba porque no hay razones para no hacerlo”. Pero el oráculo del puntofijismo nunca imaginó que ese del 27 de febrero de 1989 sería su último constructo verbal: el beso mortal del FMI se lo llevó a él, a su partido y a la vieja república.

El Caracazo no fue la metáfora de un país, sino el estallido de su realidad, la misma que hoy día, merced a una real guerra económica, los ex ministros y empresarios que se lucraron de ella pretenden restaurar. La conversación entre el magnate lupuloso y ex ministro perecista y lobistas del FMI le pone precio al retorno: 50 mil millones de dólares. “Esa es la cifra”. La frase “éramos felices y no lo sabíamos” es demasiado pedestre para Gonzalo Barrios, pero revela que los lambucios algo esperan y velan del nuevo festín de Baltazar.

Si se cumpliera el aserto del viejo Marx, según el cual la historia se repite una vez como farsa y otra como tragedia, diríamos que la última ya la padecimos. Pero no es así. El FMI no monta comedias. Esos 50 mil millones que hacen salivar a la clase empresarial y a la vieja claque política del país, se pagarán con sangre, sudor y lágrimas del pueblo pobre y la clase trabajadora. La Venezuela humilde, una vez más, dejará “la piel en las zarzas”, como escribió el poeta, esta vez sin una hilandera que le diga: “Pasa”.

Es pasmosa la tranquilidad con que el empresario y el lobista tasan la patria. La receta del FMI será la de siempre. Misiones y programas sociales barridos de la “Venezuela decente”. Liberación de precios, congelación de salarios y privatización hasta del aire y el agua. En fin, ofrecen la reposición del beso mortal del FMI que Gonzalo Barrios quiso convertir en metáfora y que el pueblo hizo explotar un 27 de febrero de 1989.

 

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