Opinión

Autor: Editorial Diario Vea

08:31 am
03
Jun
2010

Las sospechas de un gigantesco y grosero fraude en las recientes elecciones en Colombia tienen contundentes soportes.

No sólo porque son bien conocidas las prácticas fraudulentas de los agentes políticos de la oligarquía colombiana. Es una constante en las elecciones en el vecino país, el ocultamiento de la voluntad popular, la compra abierta de votos, la adulteración de los resultados para complacer a la camarilla gobernante, la falta de transparencia en la cuenta y totalización de la votación. Por años, las camarillas más poderosas económicamente han controlado los resultados electorales y el fraude se ha impuesto por encima de la verdad.

Pero, además están a la vista hechos muy concretos. No es posible que las más diversas encuestas se hayan equivocado de manera tan abultada. Pasar de una diferencia entre Santos y Mockus de 2% ó 3% a 50% es un absurdo. No es extraño que las encuestas pierdan al final. Ha ocurrido, sin embargo, la equivocación se mide por la diferencia es de unos cuantos millares de votos. Pero que Santos duplique a Mockus después de estar iguales o con poca diferencia, no puede ser.

Aún así, la denuncia de fraude no cambiará los resultados. De esa realidad, hay indicios optimistas. Santos no logró ganar en la primera vuelta. La abstención alcanzó niveles por encima del 50% señal de frustración, desgaste del sistema, pérdida de legalidad, oposición silenciosa, descontento con la política dominante y, finalmente, la alta votación contra Santos.

La votación contra Santos demuestra que hay en Colombia una base popular para impulsar un cambio real en la política y forjar un agrupamiento capaz de desplazar a la vieja oligarquía del poder. Sin embargo, se requiere una revisión a fondo de la estrategia de la izquierda.

Con el respeto que nos merece el derecho de cada país a trazar su propio camino, creemos que la actual situación colombiana abre la necesidad de revisar a fondo la estrategia revolucionaria, al calor de los cambios que han ocurrido en América Latina a partir de la victoria de la Revolución Bolivariana.

América Latina vive hoy una realidad distinta a la existente hace diez o quince años. Han crecido y se han fortalecido las fuerzas progresistas, antiimperialistas y de avanzadas. Propuestas que se consideraban ayer imposibles y sin consistencia, hoy se han abierto al mundo de lo posible. Al mismo tiempo, estrategias justas hace diez o quince años podrían hoy haberse convertido en una rémora para avanzar, para ganar espacios, para reunir fuerzas capaces de derrotar a los enemigos de nuestros pueblos.

 

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