Opinión

27
May
2015

El próximo 5 de junio se reunirá la Organización de los Países Exportadores de Petróleo (OPEP) en la ciudad de Viena, Austria, donde se espera que la decisión sea mantener los niveles de producción de hidrocarburos para defender la cuota del mercado. Esto provocaría una nueva caída del precio del barril de crudo. Por lo menos así lo vienen afirmando algunos países miembro de la organización, aunque el escenario está abierto.

En las últimas semanas diferentes miembros de la OPEP han declarado que en la próxima reunión no se definirá modificar la producción. Esto implica que se mantendrán los mismos niveles productivos de hidrocarburos. Así, la abundante oferta y la caída de la demanda mundial seguirán empujando el precio hacia abajo. Hace un año el crudo tipo WTI en Estados Unidos cotizaba alrededor de los 110 dólares y hoy ronda los 60 dólares. La misma variación sufrió el crudo tipo Brent.

“No creo que se produzca un cambio durante la reunión de la OPEP. Los países del Golfo [Pérsico] continuarán defendiendo sus partes del mercado”, dijo Musa Marafi, exmiembro del Consejo Supremo del petróleo de Kuwait.

Dentro de la OPEP, los países del golfo Pérsico intentan mantener su cuota del mercado, por tal motivo no quieren reducir su producción más allá de los efectos inmediatos que esto provoque. Se trata de Arabia Saudí, Kuwait, Emiratos Árabes Unidos y Catar, que juntos producen 16,8 millones de barriles diarios (mbd) de hidrocarburos, de los cuales exportan 12,5 mbd. Los países del Golfo representan 2/3 del total de las exportaciones de la OPEP.

Estos números indican que es difícil, no imposible, que el próximo 5 de junio se defina reducir la producción y poner en riesgo la cuota de mercado en todo el mundo.

“Los precios están mejorando, el abastecimiento fuera de la OPEP —en particular de petróleo tipo ’shale’— es más débil que antes y la demanda se recupera”, declaró a mediados de mayo la representante de Kuwait en la OPEP, Nawal al Fuzai.

La batalla petrolera pareciera darse entre la extracción convencional, donde están los históricos países exportadores, y la extracción no convencional, que tiene a Estados Unidos a la cabeza. Un dato no menor es que según el Departamento de Energía de EE.UU., la producción de ese país cayó en 112.000 barriles diarios y su producción ahora se ubica en 9,26 mbd. Hasta hace poco venía aumentando sostenidamente, llegando a los 9,4 mbd.

Arabia Saudita es el peso pesado de la OPEP y de los países del Golfo y es el más ferviente defensor de mantener su cuota en el mercado. China y EE.UU. son sus mayores compradores de crudo, con el 10% y el 8% del total de su producción respectivamente. Además, le vende crudo a Japón, Corea del Sur y la India, entre otros.

Pero últimamente la situación petrolera no les es tan cómoda para los saudíes ya que vienen sufriendo golpes en sus exportaciones; entre 2013 y 2014 se redujeron un 5,7%, según la Agencia Internacional de Energía (AIE), un organismo con sede en París. Encima, perdió algunos mercados asiáticos frente a Rusia y la demanda de China se vio desacelerada. De todas formas, Arabia Saudita tiene espaldas suficientes para sostener por un periodo el barril barato. Sería una sorpresa que el próximo 5 de junio quisiera disminuir la producción de crudo.

Cada vez que se reúne la OPEP hay lógicas repercusiones en la industria petrolera. El antecedente inmediato es el del 27 de noviembre del año pasado, cuando dio a conocer que mantendría los niveles de producción en unos 30 mbd, lo que provocó que el precio del crudo descendiera un 5,8% esa misma jornada (unos 4 dólares).

Existen varias causas (geopolíticas y económicas) que explican la caída del precio del petróleo, pero todas traen como consecuencia una sobreoferta a nivel mundial, en un contexto global de descenso o estancamiento de la demanda. Principalmente los mercados europeos, aunque también China, ya no demandan energía como antes.

A esto se le suma la superproducción sostenida desde hace alrededor de ocho años de Estados Unidos, que gracias al ‘boom del shale’ (extracción no convencional mediante fractura hidráulica) está cerca del autoabastecimiento.

Los históricos países exportadores no quieren perder su cuota de mercado y apuestan a un barril barato a largo plazo. Lo pueden sostener porque utilizan el método tradicional de extracción, que es mucho más barato que el no convencional de Estados Unidos. Se calcula que la industria petrolera saudí puede resistir con un barril a 20 o 30 dólares, mientras que el del ‘fracking’ de Estados Unidos el precio sería más del doble. En la disputa a largo plazo, pareciera ser que los sauditas, fundadores de la OPEP en 1960, tienen ventaja. De todas formas, la industria petrolera mundial viene sufriendo tantas modificaciones que no es tan cierto el futuro.

Por otro lado esta Venezuela, también miembro fundador, que necesita un barril más caro cuanto antes porque su economía depende fuertemente de las exportaciones de hidrocarburos. Desde fines de 2014 que el país bolivariano viene intentando acordar con la OPEP aumentar el barril. “El mayor interés es que el precio del petróleo se pudiera estabilizar en 100 dólares en el mediano plazo”, dijo el presidente venezolano, Nicolás Maduro, a mediados de mayo en Caracas cuando lo visitó el emir de Catar, Tamin bin Hamad al Zani. Y agregó: “hoy por hoy estamos trabajando para un acuerdo que ojalá pueda fructificar en junio”, añadió.

En la misma sintonía se encuentra Irán, pero pareciera no tener demasiadas expectativas de revertir la situación. “Reducir el techo de producción de la OPEP requiere consenso entre todos los miembros. En las actuales condiciones parece improbable que [la OPEP] cambie el tope de producción”, dijo hace poco el ministro iraní de petróleo, Bijan Zanganeh, a la agencia Reuters.

Venezuela e Irán son los miembros de la OPEP que están intentando generar acuerdos para un aumento del barril, mientras los países del golfo Pérsico se volcarían a mantener la producción y el precio actual. Será una cuestión para observar el próximo 5 de junio cuando se reúnan en Viena.

 

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