Opinión

Autor: Fernando Vicente Prieto

03:25 pm
23
Oct
2015

A menos de dos meses de las elecciones legislativas en Venezuela, la confrontación entre los proyectos políticos se agudiza en todos los planos. Según informó el ministro de Energía Eléctrica, Luis Motta Domínguez, sólo en lo que va de octubre se contabilizaron 16 sabotajes. A causa de uno de ellos, el 18 de octubre un trabajador murió.

A medida que se acercan las elecciones, históricamente en los últimos años se incrementan los daños en las instalaciones eléctricas. Hace pocos días, el ministro de Energía Eléctrica denunció que hasta el 18 de octubre se habían registrado 13 sabotajes, incluyendo el intento de hackeo de la distribuidora Corpoelec.

Motta Domínguez mostró fotografías de los ataques. Entre las acciones detalladas, informó que el 13 de octubre personas desconocidas cortaron parte del cableado de la planta eléctrica de Zulia, en la frontera noroccidental del país. En el otro extremo fronterizo, en Táchira, una explosión ocasionó un incendio que afectó a dos subestaciones eléctricas. De acuerdo a lo informado por el ministro, se determinó que esto fue causado por dos impactos de bala.

Se trata de desarraigar al chavismo actual -y a la figura de Maduro en particular- de la imagen de Chávez y “el chavismo original”, promoviendo la abstención.

Para describir el más grave de los eventos, el ministro mostró fotografías en las que se ve a una persona de alrededor de 30 años colgada de un poste y electrocutada, aparentemente cuando realizaba una acción de sabotaje en una zona próxima a la frontera con Colombia.

En Lara, a su vez, grupos que el funcionario describió como paramilitares, sorprendieron a dos militares que custodiaban un pequeño depósito con repuestos y robaron las armas y material eléctrico dejando a los soldados maniatados y desnudos.

El jueves 22, Motta Domínguez informó sobre cuatro nuevos ataques. “Ayer [por el miércoles] se retuvo un camión con siete mil kilos de cables robados del sistema eléctrico, que trataban de sacar vía Aruba”, tuiteó desde @LMottaD. Explicó que la Policía de Falcon detuvo a siete personas en la zona playera de Tiraya, mientras que dos lanchas se dieron a la fuga. Además, denunció otros dos episodios, en la misma noche del miércoles 21, cuando personas armadas entraron en la planta Alfredo Salazar, en Anzoategui, y robaron material y equipos; y otro grupo similar intentó ingresar en la planta de Maturín, estado Monagas, pero el operador de guardia alertó y se frustró la operación.

“Estos ataques tienen la finalidad de causar el malestar y empañar los comicios del próximo 6 de diciembre”, señaló el ministro, recordando que “en elecciones anteriores, a escasos dos días de los comicios hubo un apagón general y están repitiendo el patrón. Fíjense que todos los ataques se concentran en Falcón, Zulia y Táchira, estados en frontera. No es casualidad”, agregó.

Los sabotajes se dan en un contexto de confrontación abierta entre dos proyectos antagónicos desde 1998, momento en que Hugo Chávez ganó las elecciones presidenciales con mayoría absoluta de los votos e impulsó un proceso de transformaciones profundas, promoviendo mecanismos de democracia directa y participación popular y recuperando instancias de soberanía, en particular sobre el petróleo, principal recurso económico del país.

Tras la desaparición física de Chávez se abrió una etapa donde las fuerzas de derecha salieron a la ofensiva, ante la expectativa de que el gobierno de Nicolás Maduro no dure más que unos pocos días. Así comenzó un plan que guarda similitudes con el desarrollado en Chile contra el gobierno de Salvador Allende, con desabastecimiento y sabotajes para “hacer chillar la economía”, como conceptualizó el secretario de Estado norteamericano Henry Kissinger respecto a la preparación del golpe contra el gobierno de la Unidad Popular.

Sin embargo, en el caso de Venezuela viene resultando más complicado: Maduro cumplió dos años y medio de gobierno. A poco de llegar a la mitad de su mandato, ha logrado sortear situaciones complicadas como la inmediatamente posterior a su elección en abril de 2013 y las guarimbas de 2014, además de la permanente hostilidad diplomática de EEUU y sus círculos de influencia. En el medio, unas elecciones de diciembre de 2013 donde el chavismo volvió a derrotar a la derecha con claridad, a pesar que durante los meses anteriores se anunciaba un amplio triunfo opositor.

Pero de cara al 6 de diciembre el chavismo y la derecha asisten a una cita crucial por el control de la Asamblea legislativa, un espacio que puede ser usado, en un hipotético triunfo de la oposición, para ampliar el alcance de la desestabilización, incorporando la vertiente institucional. Con ese objetivo continúa la guerra económica que -unida a las limitaciones en los controles oficiales- ha generalizado la inflación, que impacta sobre el bolsillo del pueblo trabajador, en particular los sectores con ingresos fijos, aumentando el descontento.

Se trata de desarraigar al chavismo actual -y a la figura de Maduro en particular- de la imagen de Chávez y “el chavismo original”, promoviendo la abstención. Los sabotajes eléctricos se inscriben en esta guerra de baja intensidad y ya fueron utilizados en la propia campaña de 2013.

El objetivo de fondo es el control de la mayor reserva de petróleo del mundo y acabar con el mal ejemplo de soberanía y puesta en marcha de un modelo de democracia participativa y protagónica. El pueblo bolivariano tiene entonces un desafío que puede convertirse en estratégico y trasciende las fronteras de su propio país, convirtiéndose en un motivo de expectación, solidaridad y antagonismo para todo el continente americano.

 

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