Opinión

Autor: Roberto Malaver

09:48 am
14
Ago
2015

Alarmada, y con la boca abierta sin encontrar qué decir, Cinthya Machado Zuloaga se atraganta con las palabras y busca la que debe decir hasta que grita: “Basta”. Y la multitud del centro comercial San Ignacio se vuelve hacia ella y pregunta a coro: “¿De qué?”. Y ella vuelve a ser la bella y elegante y sensual de siempre, y le dice a algunos que están cerca mirándola: “Eso es entre nosotros, disculpen”. Y la gente se queda admirada viendo tanta belleza.

Y sigue diciendo: “Basta con ese secretario ejecutivo que se quiere igualar con nosotras, cuando todos sabemos quién es y de dónde viene. Lo que le hizo a María Corina no tiene nombre y lo de Copei ni pensarlo. Hay que sacar un aviso ya, solicitando un nuevo secretario ejecutivo, o pedirle a Ramón Guillermo que vuelva a llenar de fe y esperanza nuestros sueños de cambio. Basta. Basta. Basta”.

El mesonero se acerca en silencio. Ve que Cinthya está con la cabeza agachada y la cara entre sus manos, y le dice: “Por favor, señorita, no oculte su belleza a los pobres del mundo, déjeme verla que eso es lo que me mantiene vivo”. Y ella, siempre solidaria, levanta su cara, su cara que es tan bonita, que es tan bonita su cara. Y el hombre deja allí la botellita de agua Evian y el café negro y se marcha diciendo: “Yes, yes, yes”

Y vuelve Cinthya: “Este hombre es un tsunami de errores. Llama a marchas y no va nadie. Anuncia 50 mil marchas y terminan las elecciones y no llevamos ni tres. Habla de un cochino de Troya que nadie conoce. Mi padre está dispuesto a pagar el aviso, hay que publicarlo ya: “Se solicita secretario ejecutivo para lo que queda de MUD”. También habría que agregar esa cosa que nunca entendí, eso de ambos sexos, y de buena presencia y de buen hablar y buen oír, en fin, un secretario ejecutivo, no lo que tenemos hasta ahora, que de paso, no le atiende las llamadas a Roberto Enríquez, y lo puso a que le escribiera una carta solicitando hablar con él, ¿te imaginas? Escribiendo cartas en este tiempo, cuando la última carta que yo leí fue la Carta de Jamaica, que ya por allí anuncian que cumple 200 años. ¿Qué se ha creído este hombrecito?

Se pone de pie, y me dice por lo bajito, vamos a ver cómo reacciona la gente, y nuevamente grita: “Bastaaa”.

 

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