Opinión

Autor: Julio Escalona

02:45 pm
01
Dic
2015

Desde la instauración del Consenso de Washington en la década de 1980 y el auge de las políticas neoliberales, se va dando una restricción a la democracia y los derechos humanos, una proliferación de ejércitos privados, un incremento de los gastos militares y en general, del negocio de la guerra, asociado a tácticas orientadas a poner a la población en estado de shock para que renuncie a sus derechos y le implore protección y seguridad al Estado totalitario que se va conformando en el proceso de combate al terrorismo utilizando al Pentágono-Otan, al mercado, la competencia como guerra de todos contra todos, el egoísmo como eje de la sociedad, la aceleración de la mundialización del capital destruyendo a los Estados soberanos.

Desde el 11 de septiembre de 2001 culmina un golpe de Estado contra la democracia, los derechos humanos y la paz. Las organizaciones terroristas son armadas, entrenadas y financiadas por el poder del capital. Cada acción de ellas multiplica las restricciones a la democracia. Se crea un estado de shock a escala mundial logrando que en el cerebro se instale el deseo compulsivo de ser protegidas del terror. La seguridad se convierte en el bien más preciado, incluso, por encima de la democracia.

Este proceso explica la guerra de baja intensidad que se libra contra Venezuela, que se ha acentuado con motivo del 6-D. La derecha tiene una política, que se sustenta en la fuerza de la tradición y la costumbre y en el refuerzo de los sentimientos de inseguridad y miedo. Ella trabaja para profundizar el estado de shock en que está siendo puesta la población elevando los sentimientos egoístas, de frustración, miedo…

Independientemente de que la población rechaza la violencia, la derecha va creando un clima para justificarla generando la creencia de que en Venezuela el gobierno va a cometer un fraude y se justifica entonces que la gente salga a la calle dispuesta a chocar con la fuerza pública para defender el triunfo de la oposición y generar muertos y heridos, lo que podría justificar una intervención internacional.

Hay dudas en la población sobre la relación entre el incremento de los precios y los salarios; la inflación y el incremento de la liquidez monetaria; la escasez y los problemas en la distribución de los bienes; la relación entre la corrupción y problemas que afectan a la población… Hace falta más pedagogía política.

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