Opinión

Autor: Eva Záitsev

03:44 pm
20
Ago
2011

Oscuridad. Vivir en la nada. Saber que la vida se resume al pasado y que ese segundo que respiras puede ser el último de tu vida porque tu destino es incierto. La operación de captura de Julián Conrado fue violenta: su detención ocurrió en el Estado Barinas. Junto a él, fue cautivada su esposa. Minutos después fue abandonada en un camino. Corrió durante tres horas.

Esto ocurrió el 1 de junio de este año. Toda vez que se culminó la tristemente célebre operación conjunta entre el DAS y el DIM, Juan Manuel Santos – Presidente de Colombia en cuyo negro prontuario pesa la ignominiosa agresión militar contra Ecuador en la que murió Raúl Reyes- felicitaba al gobierno venezolano por la caza del cantor de la selva colombiana. Santos hasta se vanaglorió de la participación de la inteligencia colombiana en la operación.

El día dos de junio, el Presidente Hugo Chávez declaró durante el recibimiento del ex presidente brasileño Luiz Inacio Lula Da Silva en el Palacio de Miraflores: “Ordenamos su captura y su entrega a Colombia”, refiriéndose a Conrado.

Durante siete días Julián Conrado no vio luz. Durante siete  días sus captores le redujeron a una ceguera virtual. Atado de pies y de manos, cantó para no perderse a sí mismo. La actuación del DIM en este caso no dista de las prácticas de los soldados norteamericanos en Guantánamo.

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Las  actas de captura y detención fueron  redactadas y firmadas por los siete militares que ejecutaron el procedimiento, en camionetas sin placas ni identificación alguna, comandadas por un Coronel de la Dirección de Inteligencia Militar (DIM). Según el documento, la captura y detención de Conrado ocurrió el 4 y 5 de junio, pese a las declaraciones públicas de los ejecutivos de Colombia y Venezuela.

Julián Conrado estuvo desaparecido 21 días.  No se le conocía paradero. Lo único que daba garantías de su vida eran las declaraciones del Presidente Chávez en las que se responsabilizaba por su detención y le prometía a su par colombiano entregarle el trofeo fariano. Recordemos que Santos nunca ha negado su apetito por la cabeza de Julián. De hecho hasta públicamente se ha felicitado a sí mismo por su asesinato. Bastará recordar que tras la operación Fénix, inicialmente se informó de la muerte de Guillermo Enrique Torres Cueter, alias Julián Conrado, cuyo presunto cuerpo fue trasladado a Bogotá después de la operación militar. Dos días después, el director de Medicina Legal en esa ciudad, Pedro Franco, desilusionó a Santos al descartar que el cuerpo encontrado fuese el de Conrado.

66 días en el Limbo

Venezuela no ha asesinado virtualmente a Conrado, pero le ha negado su existencia.  66 días después de consumar su captura fue puesto a derecho y aunque el Fiscal 20 del Ministerio Público manifestó que no se le puede imputar ningún delito porque la labor insurgente que desarrolló fue  de tipo cultural, Julián sigue preso.

Hasta hoy, para sorpresa de todos, NO HAY NINGÚN TRÁMITE LEGAL DE EXTRADICIÓN. Colombia no presentó nunca ninguna solicitud diplomática al respecto. Sobre Julián Conrado pesa una circular de INTERPOL  que sólo implica su detención preventiva por un lapso de 60 días. Julián , en cambio, lleva 80 días en  prisión.

La persecución de la que Julián Conrado es víctima se debe a su lealtad histórica con el bolivarianismo. Venezuela está sirviendo a los intereses de sus propios verdugos. En éste transitar hacia el retorno, hacia encontrarnos a nosotros mismos, casi como un evento místico, podemos sentir a Neruda recitando a Conrado en su carraca:

Padre nuestro que estás en la tierra, en el agua, en el aire

de toda nuestra extensa latitud silenciosa,

todo lleva tu nombre, padre, en nuestra morada…

Es deber de todos los hijos e hijas de bolívar exigir al unísono: ¡ASILO Y REFUGIO PARA JULIÁN CONRADO!

 

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