Opinión

Autor: Beltrán Haddad

01:25 pm
23
Mar
2015

Durante los gobiernos anteriores al presidente Chávez, las suspensiones de garantías constitucionales eran permanentes, no importaba el color del gobernante, blanco o verde. Lo cierto es que nos impusieron esa dinámica excepcional de vivir con suspensión de garantías durante más de 40 años. Aquí, en este país, el gobierno en la década de 1960, por ejemplo, podía mandar a la cárcel a cualquier ciudadano sin el debido proceso. No existían derechos humanos.

Mucha gente cree que, sin los llamados “estados de excepción”, el país no tendría los instrumentos para afrontar situaciones calamitosas. Pero no es así y ya no vale la pena decretarlos, mucho menos después de que la acción popular restituyó a Chávez al poder, quien, por cierto, jamás decretó “estados de excepción” para gobernar.

La revolución bolivariana ha tenido que enfrentar, sin declarar “estados de excepción”, los mayores trastornos políticos y económicos que país alguno haya sufrido en los últimos años en América Latina. Me refiero a golpes de Estado, paro petrolero, “guarimbas”, guerra económica y guerra mediática, entre otras calamidades. Sin embargo, en 15 años no se han suspendido las garantías constitucionales por ninguna circunstancia, sea de orden social, económico, político o natural. Es decir, el gobierno de Chávez y el gobierno de Maduro jamás han decretado el estado de alarma ante catástrofes o calamidades públicas; o el estado de emergencia económica como consecuencia de circunstancias extraordinarias que afecten la economía; o el estado de conmoción en caso de conflicto interno o externo.

¿Saben una cosa? El artículo 337 de la Constitución deja a salvo el derecho a la información en estados de excepción. Imagínense de qué serviría decretar un “estado de excepción” si, precisamente, la batuta de la conspiración la llevan poderosos medios de comunicación. En cualquiera de las circunstancias que los motiven, los medios impresos, radio y televisión al servicio de la conspiración continuada, volverán con más fuerza para agravar, incluso, una catástrofe natural o calamidad pública. Por suerte, hemos transitado los caminos sin necesidad de “estados de excepción” mientras los enemigos del país y la conjura se quedan prendidos de la empalizada.

 

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