Opinión

Autor: Earle Herrera

09:25 am
10
Jul
2015

Está identificado el misterioso personaje que aquel eufórico mediodía de abril eyectó el desesperado grito: “¡Te queremos, Pedro!”. En verdad, sus conmilitones siempre supieron de quién se trataba -berreaba a su lado-, pero para protegerlo, sellaron con sangre el juramento de no revelar su nombre hasta que cayera la “dictadura”. Como la tal dictadura no existía, jamás se conocería al hombre del grito apasionado.

De cierto, el dueño del eco libido-político no estaba allí, en el Salón Ayacucho de Miraflores. O mejor dicho, se encontraba en el lugar, pero al mismo tiempo en otros sitios. Fue un alarido ubicuo, como el canto monótono del grillo enamorado. Lo lanzaron los miembros de “sociedad civil” que publicaron un remitido saludando al “nuevo gobierno” (revisen esa lista). Salió de la garganta de cada uno de los que firmó el ominoso decreto que todos negaron después. Laceró las cuerdas vocales de los autores de las docenas de cartas que le llegaron a “mi querido Pedro” esa mañana con firma y matasello. Quemó las amígdalas de los que proponían que los “meritócratas” debían ir al gabinete golpista.

Aquel grito fue una impúdica declaración de amor y entrega al fascismo. No se extinguió ese día con la estampida de gritones y gritonas. Cada cierto tiempo, su eco seduce a otras gargantas. Estalló por el mundo en la multimillonaria campaña “SOS Venezuela”. De pronto lo desgarra algún cantante o actor por orden de Donald Trump o el Latin Grammy. Se hace colectivo en todas las epiglotis irritadas de las guarimbas de la muerte. O emerge desde un púlpito envuelto en piel de cordero, no precisamente de Dios, una mañana de domingo en misa de siete o nueve.

El grito “Te queremos, Pedro” antier estalló escatológico en la mujer fuera de sí por cuatro pastas molares. El amor facho es energúmeno. De allí la sonrisa congelada de Pedro Carmona y su picada de ojo todavía no se sabe a quién, aunque se sospecha. El autor del grito a veces pasa frente a ti, niega a Carmona y abjura del cardenal, pero cuidado. Solo espera el momento para retirar de nuevo el retrato de Bolívar y leer la lista de “considerandos” que eliminan pueblo, misiones y poderes.

 

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