Opinión

Autor: Alberto Aranguibel B

01:21 pm
23
May
2015

¿Cómo puede ser un triunfo que en una elección primaria llevada a cabo en un país en el que la población electoral crece año tras año se obtengan cinco veces menos votos que en el anterior proceso de exactamente las mismas características?

En la mal llamada MUD, o lo que pueda quedar de ella por ahí, se empeñan en hacerle creer al mundo que han obtenido el mayor de los logros electorales, cuando su secretario ejecutivo anuncia a viva voz frente a las cámaras que en tres años no alcanzaron ni siquiera duplicar su propia votación.

Uno no entiende si es un sarcasmo de postrimerías o una reacción nerviosa vulgar y silvestre.

Pero, cuando se examina en detalle, la barbaridad es inconmensurable. Decir que se ha duplicado la votación cuando se presenta como cifra referencial la cantidad de trescientos dieciséis mil electores que habrían sufragado en las primarias de 2012, echa por tierra toda aquella alharaca por los supuestos dos millones novecientos mil que en un primer momento anunciaron hace tres años en una rueda de prensa similar a la de esta semana. Y que fueron los que nunca permitieron que se constataran con su rabiosa quema de cuadernos electorales de entonces, con la que violentaron incluso una decisión en contrario del máximo tribunal del país.

Ahora resulta que, tal como se supuso desde múltiples apreciaciones basadas en la innegable falta de afluencia a las mesas electorales que el país pudo percibir durante toda aquella jornada de hace tres años, nunca hubo tales dos millones. Exactamente igual a la ensordecedora falta de afluencia electoral que resonó a lo largo y ancho de las poquísimas mesas que en esta ocasión activaron. Y los muy cínicos se regodean en su burdo intento de engaño nacional como si de una morisqueta colegial se tratara.

Apostaron durante años por la desaparición física del comandante Chávez porque creyeron que su ausencia daría rienda suelta a un torbellino de deserciones del chavismo hacia la MUD y lo que estamos viendo es el descalabro más grande en la historia de las organizaciones políticas en el país.

Como en la vieja canción, parece que efectivamente todo se les derrumbó dentro de ellos, solo que no lo aceptan. Son tan mentirosos que, como dijera Enmanuel, “hasta su aliento ya les sabe a hiel”.

 

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