Opinión

Autor: Asalia Venegas

10:13 am
19
Feb
2015

La retórica belicista imperial es centenaria. No había terminado el siglo XVIII después de la gesta independentista de las trece provincias que luego sería Estados Unidos, cuando su élite dirigente ya veía con ambición por los cuatro puntos cardinales, oteando por dónde expandirse. Por vías pacíficas o de facto, aquella nación comenzó a crecer en territorio hasta lograr tener de límites los dos océanos y apropiarse de Alaska; de chiripa se salvó Canadá.

A veces esa retórica ha precedido al hecho invasor en sí mismo. Si no, van de la mano. Ese imperio no solo amenaza, advierte; con la prepotencia que le da su poderío. Los últimos 200 años condensan una cronología a todas luces perversa y criminal. Poco importan vidas y territorios, han creado las bombas solo mata gente y virus para arrasar todo tipo de cultivos y envenenar las aguas de los ríos.

¡Qué decir y esperar de aquellos que fueron capaces de lanzar la bomba atómica! Hiroshima y Nagasaki son una bofetada de aquella acción genocida. Liberales, conservadores, norteños, sureños, republicanos, demócratas -no hay diferencias- los guía la sed expansiva y el pensamiento anglosajón de raza aria. Su prioridad fue barrer con las etnias originarias y luego dominar los territorios esclavistas.

En su historia intervencionista, los gringos han aplicado técnicas distintas para “torcer el brazo” en algunos países. En México utilizaron la figura de los colonos que luego pedirían la anexión de Texas; también usaron la intervención directa: invadieron. En los años 60 crearon la “Alianza para el Progreso”, invasión pacífica. De allí surgió la figura de las “repúblicas bananeras”. Antes usaron la política del “gran garrote” (big stick) y se ampararon en el asunto del “patio trasero”.

En el colmo del cinismo intervencionista, invadieron a Panamá para llevarse preso a Manuel Noriega y minaron los puertos de Nicaragua. En la época de los Bush -padre e hijo- la retórica belicista se tornó en locura. Invadieron a Irak y crearon el desastre en el este de Asia y el norte de África. La risa de Hillary Clinton cuando dijo -a propósito de la muerte de Gaddafi- “vine, vi, maté (murió)”, resume la mueca del águila imperial. Hoy, no deben equivocarse. Venezuela no está sola.

 

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