Opinión

Autor: Rosa Miriam Elizalde

11:34 am
25
Nov
2015

Se reunieron los presidentes Barack Obama y Francois Holande en la Casa Blanca, todavía con los restos humeantes del avión ruso Su-24 en territorio sirio, derribado por militares turcos. Uno de los pilotos rusos terminó hecho trizas por los terroristas, filmada su agonía con la cámara de un teléfono móvil. El video fue subido con diligencia a Youtube, mientras nadie sabe cuál ha sido el destino del otro piloto. Pero “Turquía tiene el derecho de defender su territorio y su espacio aéreo”, dijo Obama a los periodistas.

Al leer esta declaración recordé inmediatamente un hecho similar, ocurrido casi 20 años antes, el 24 de febrero de 1996: el derribo en aguas territoriales cubanas de dos aviones Cessna 337 Skymaster, de la organización Hermanos al Rescate. Estas aeronaves habían ingresado repetidas veces al espacio aéreo cubano provenientes de Miami, e incluso sobrevolaron temerariamente la ciudad de La Habana, y aunque desde Estados Unidos se aludía a estas incursiones aéreas como operaciones humanitarias, se trataba de naves que ya habían tenido usos militares antes de lanzar propaganda desde los cielos cubanos y violar varias veces el espacio aéreo nacional.

Durante la administración de George Bush (padre), en 1992, la congresista estadounidense Ileana Ros Lehtinen hizo gestiones -y lo logró- para que el Departamento de Defensa norteamericano donara o vendiera a bajo precio tres de aquellas avionetas Cessna que habían sido utilizadas para apoyar a la contra nicaragüense en guerra contra el gobierno sandinista. Los beneficiados con esta transferencia resultaron ser ciudadanos estadounidenses de oscuro pasado terrorista, que las pusieron rápidamente en explotación en el negocio anticubano.

Cuando los dos Cessnas vinieron abajo después de múltiples advertencias de las autoridades de la Isla, la reacción del presidente demócrata, William Clinton, estuvo muy lejos de admitir que Cuba tenía “el derecho de defender su territorio y su espacio aéreo”. Endureció el bloqueo y lo codificó bajo la Ley Helms Burton, normativa de aplicación extraterritorial que ahora tiene supuestamente atada las manos de Obama para desplegar su nueva política con Cuba. Además del robo de los activos de la Isla en EEUU para indemnizar a familiares de los pilotos que murieron en la provocación, el cubano antiterrorista Gerardo Hernández recibió en Miami una sentencia de dos cadenas perpetuas, sin haber tenido nada que ver con la decisión del derribo de las avionetas. Es decir, los daños colaterales han hecho historia en las relaciones bilaterales de los dos países, y la zaga llegan hasta hoy.

Pero “cómo cambian los tiempos, Venancio. ¡Qué te parece!”, darían ganas de cantar al escuchar al Presidente, si las circunstancias no fueran tan dramáticas.

Cubadebate

 

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