Opinión

Autor: Carola Chávez

08:13 am
23
Feb
2016

Hagamos un ejercicio de locura amparándonos en la Ley de Amnistía y Reconciliación que propone la oposición venezolana, donde la incitación a la violencia, por si acaso alguien interpretara este ejercicio como tal, no sería un delito si esta fuera por razones políticas.
Imaginemos que el chavismo decide manifestar contra, digamos, la Gobernación de Miranda y sus alcaldías aliadas. Imaginen que saliéramos a quemar las calles de Alto Prado, El Cafetal, Altamira y Terrazas del Ávila, tal como lo hicieron los guarimberos, pero claro, esta vez nuestro objetivo no serían los cara’e pueblo, sino los colectivos de caceroleros marcharines o de estudiantes manos blancas. Imaginen nuestra protesta frente a instituciones públicas, imaginen la gobernación, las alcaldías bajo una lluvia de piedras y molotovs, los módulos de la policías estadales y municipales… Imaginen que quemáramos los preescolares, colegios privados y universidades, que destrozáramos los centros comerciales que fungen como plazas públicas en ese lado de la ciudad.
Imaginen que pusiéramos guayas en las calles del este del Este para degollar a quienes vayan en sus Harley y que sembráramos las vías de otras trampas para mortales levantando alcantarillas y poniendo barricadas… Imaginen que incendiáramos, con o sin gente dentro, cualquier carro que osara circular con una calcomanía desteñida de “Hay un camino” o con un “SOS Venezuela” pintado el vidrio trasero. Imaginen que traficáramos explosivos para cometer atentados porque no nos gusta Capriles y no nos gustan quienes votaron por él. Imaginen que robáramos armamento de la Policía de Miranda para utilizarlo en nuestra protesta política loca. Imaginen que repartiéramos drogas entre nuestros héroes luchadores, incluso entre los menores que reclutaríamos para tumbar al vil gobierno caprilero. Imaginen que pusiéramos francotiradores que dejaran tendido en la calle, con un certero tiro en la nuca, a quien que tocara nuestras barricadas, a los policías que vinieran a detenernos, a cualquiera.
Imaginen que después de todo el terror y la muerte nos llamáramos víctimas, perseguidos políticos y nos acogiéramos a la ley que la MUD propone. Imaginen que fuéramos así de irresponsables. Imaginen abrir esa puerta. Imaginen la locura y luego hablemos de reconciliación.

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