Opinión

Autor: Del Rosario Ignacio Denis

12:09 pm
21
Oct
2015

“Hermanas y hermanos, para el capitalismo la solución de la crisis climática son los mercados de carbono, esos que mueven millones de dólares en el mundo pero sin logros, más bien ocasionando daños al planeta, yo diría que ese sistema es el cáncer que destruye la vida de la Pachamama – Madre tierra”. Evo Morales

La Agroecología es un modo de vida históricamente proveniente de los indígenas, campesinos, campesinas y afro-descendientes, quienes con su sabiduría milenaria descubrieron y diseñaron sistemas de agricultura holísticos, eficientes, productivos y en total armonía con la Pachamama, resistieron con su identidad todos los embates de un modelo transnacional del agronegocio.

En varios estudios se demuestran que para formarse 1 cm de suelo se requiere de 100 a 400 años, y para que el suelo pueda producir cosecha pasaron de 3.000 a 12.000 años. Para nadie es un secreto que la llamada Revolución Verde, en solo 40 años, terminó devastando el suelo, acabó con los bosques y selvas vírgenes, contaminó la tierra y los acuíferos con productos químicos cancerígenos, enfermó a millones de seres vivos, aumentó los gases de efecto invernadero y el cambio climático. Este modelo cancerígeno llamado capitalismo diseñó las “Repúblicas Unidas de la Soja” destruyendo la vida comunitaria indígena y campesina. El modelo del agronegocio es una invasión y opresión bestial permanente para los campesinos, campesinas e indígenas en lo político, ideológico, económico, tecnológico y cultural, por eso el modelo del agro como cultura de vida y el modelo del agro como negocio y de la muerte es una disputa permanente de territorio.

El sistema cancerígeno capitalista del agro tiene un punto de partida; terminada la Segunda Guerra Mundial, la industria bélica se encargó de impulsar la llamada Revolución Verde. Uno de los pretextos era modernizar el campo introduciendo todos los paquetes químicos que sobraron de la guerra. Uno de ellos es el agente naranja de la Monsanto que hoy la Organización Mundial de la Salud (OMC) confirma como sustancia cancerígena; estos componente químicos vienen matando indirectamente a millones de campesinos, campesinas e indígenas con la contaminación de sus ríos, bosques, suelos, semillas, igualmente de forma directa podemos citar algunos casos como la tragedia de Bhopal en 1984, cuando una fuga de sustancias tóxicas de la empresa Union Carbide provocó la muerte de más de 30 mil campesinos en Punjab: en total, más de 500.000 personas en la India resultaron envenenadas con isocianato de metilo en esta tragedia.

En el V Congreso Latinoamericano de Agroecología, celebrado del 7 al 9 de octubre de 2015 en la Universidad Nacional de La Plata, Argentina, la Sociedad Científica Latinoamericana de Agroecología (SOCLA) entregó un reconocimiento a La Vía Campesina Internacional por su lucha incansable en pro de la Agroecología y los derechos campesinos; la razón esgrimida es por cumplir su papel histórico de cuidar la tierra, alimentar al mundo, conservar la biodiversidad y enfriar el planeta y por su constante promoción de la soberanía alimentaria en América Latina y en el mundo. En este Congreso internacional, ante más de 1.500 profesores/as, investigadores/as, y estudiantes de Agroecología y de varias ONG, provenientes de toda América Latina, la CLOC-Vía Campesina dejó claras su visión y misión como movimiento social en relación a la Agroecología. “El proyecto de La Vía Campesina es un “proyecto de vida,” para un campo con campesinas y campesinos, de comunidades rurales con familias, de territorios con árboles y bosques, montañas, lagos, ríos y costas, y se opone fuertemente al “proyecto de muerte” del agronegocio, de la agricultura sin campesinos ni familias, de monocultivos industriales, de áreas rurales sin árboles, de desiertos verdes y tierras envenenadas con agrotóxicos y transgénicos. Con nuestras acciones y prácticas las campesinas y campesinos de todo el mundo estamos activamente confrontando al capital y al agronegocio, disputando la tierra y el territorio con ellos”.

En este mismo evento, Peter Rosset, militante y profesor de la ECOSUR (México), Red de Investigación – Acción sobre la Tierra (Vía Campesina), expuso la nueva coyuntura en torno a la Agroecología, desde la mirada institucional y desde la experiencia práctica de los movimientos sociales. Para Rosset: “La Agroecología pasó de come-flor o bicho raro, a ser la única alternativa sustentable; está de moda y puede ser, también, pasible de riesgos. Después que la agricultura industrial entró en crisis como su desaceleración en los rendimientos y en la productividad de todos los factores de la producción: erosión, compactación, salinización de los suelos ; resistencia a plaguicidas generando las llamadas ‘súper-malezas’, emisiones de gases de efecto invernadero, cambio climático, aumento de los costos de producción –los cuales afectan sus márgenes de ganancia–; ante esta realidad las multinacionales buscan hacer un afinamiento sin tocar su estructura de poder, un afinamiento con la idea de recuperar sus márgenes de ganancia, de ser más eficientes, utilizar menos insumos, no por que dañen el medio ambiente, sino por que dañan sus márgenes de ganancia.

“En este sentido, se puede decir que existen diferentes visiones y versiones que tiene la institucionalidad y los movimiento sociales con relación a la Agroecología, por eso la disputa por la Agroecología es ahora: la representamos desde los movimientos sociales, es nuestra, es una herencia de los pueblos y no está en venta, defendemos nuestra dignidad cuando elegimos producir de manera agroecológica” concluyó Peter Rosset.

Estas conclusiones y propuestas precisas y coherentes alumbran perfectamente algunas similitudes y diferencias entre la Revolución Verde y la propuesta de economía verde, que también está de moda. Las similitudes serían que se sigue diciendo que todo es para reducir el hambre en el mundo; la propuesta de la Revolución Verde utilizó el mismo pretexto siendo clara la destrucción que iba a significar para la naturaleza. Sin embargo la economía verde hoy utiliza el pretexto de que no podemos seguir destruyendo la naturaleza y necesitamos un afinamiento en lo ecológico sin tocar la estructura de poder. Justifican la privatización de la riqueza y la socialización de la pobreza buscando esconder el rostro del responsable directo de la destrucción del planeta, el sistema capitalista.

Mientras se negocia la naturaleza con la hegemonía y los intereses cancerígenos del gran capital, los campesinos y campesinas, indígenas, jóvenes y mujeres de los movimientos sociales, conjuntamente con los gobierno del ALBA, se disponen a luchar por la defensa y por los derechos de la Madre Tierra, por la humanidad y por la justicia y la paz mundial; se oponen abiertamente a las pretensiones y acuerdos de negociaciones como las nuevas barreras técnicas al comercio de bienes agropecuarios, subsidios agrícolas que distorsionan y destruyen las economías de los países pobres con alta potencialidad agrícola, los patentes y utilización de semillas transgénicas, los mercados de carbono, entre otros. Los encumbrados de la COP 21 buscan utilizar solo nuevos términos y paradigmas tecnológicos para nuevas condiciones de competitividad defendida desde las grandes transnacionales, utilizan falsas soluciones como la economía verde, agricultura climáticamente inteligente, fondos o mecanismo de desarrollo limpio; es decir, solo intentan minimizar efectos sin ningún cuestionamiento a la causa real que actúa como un cáncer sobre la Madre Tierra.

Ante todas las amenazas cancerígenas del gran capital, urge seguir globalizando las luchas y las esperanzas, proponiendo adoptar un modelo agroecológico anti-cancerígeno de forma más amplia para construir la Soberanía Alimentaria desde la organización popular continental y continuar combatiendo de manera frontal el modelo transnacional.

¡Contra el capitalismo, por la Soberanía de nuestros ´Pueblos, América Unida sigue en Lucha!

¡Globalicemos la lucha! ¡Globalicemos la Esperanza!

 

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