Opinión

Autor: Maryclen Stelling

09:47 am
01
Mar
2015

Se fortalece el bombardeo noticioso que procura imponer una desesperanza generalizada en cuanto a la posibilidad de cambiar el curso de los acontecimientos, a menos que… aparezca una salida mágica. Suerte de esperanza pasiva y resignada, forma disfrazada de desesperanza e impotencia, envoltura para la resignación. Dejo que el futuro y el tiempo ejecute lo que yo no puedo hacer. Otra forma de desesperanza (Erich Fromm, La revolución de la esperanza) es la que “se disfraza de aventurerismo, de desprecio por la realidad y del violentamiento de lo que no puede violentarse”.

Las empresas de sondeo destacan que la popularidad de Maduro cayó 13% en seis meses y que siete de cada 10 valoran la situación del país de regular a mala, siendo los problemas económicos la mayor preocupación. Establecen una relación de causalidad con las elecciones parlamentarias del 2015. ¿Tendrá tiempo Maduro de recuperarse? ¿Cómo se verá afectado el voto? ¿Se impondrá el voto castigo, la abstención? ¿Hay esperanza?

Se calienta el clima político interno con el golpe develado, la detención de Ledezma y los señalamientos a otros integrantes de la MUD, el juicio a López, el comunicado de “la transición” y la muerte de un estudiante en Táchira. La estrategia comunicacional internacional de la oposición encuentra respuesta en diferentes personalidades y organismos, prestos a reforzar la hipótesis de incompetencia gubernamental para solventar “la crisis”, dispuestos a servir como mediador (Santos y Unasur), a condenar abusos y exigir liberación de presos políticos (HRW), a denunciar la “tiranía” en Venezuela (The Wall Street Journal) y expresar preocupación por violencia (ONU), prontos a denunciar la represión del régimen de Maduro (Alcaldesa de Madrid) y hasta debatir la permanencia del país en Mercosur. Expresión de la esperanza pasiva y resignada que pone nuestro destino en el exterior.

Es pertinente revisar la estrategia comunicacional gubernamental, los ejes temáticos, el manejo de los desafíos, la procura del consenso y la legitimidad como elemento clave para dotar de estabilidad al gobierno. Igualmente, la comunicación negativa basada en el temor que depende exclusivamente de la credibilidad del Gobierno y trabajar con la esperanza como elemento decisivo para consolidar e impulsar cambios.

 

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