Opinión

Autor: Soraya Beatriz El Achkar G

09:37 am
18
Feb
2015

La evaluación, en la escuela, se ha entendido como una forma de clasificar a los estudiantes y excluir a los menos aventajados. De hecho, la repitencia es uno de los factores que ha favorecido históricamente el abandono escolar por el nivel de frustración que ésta genera, pero me niego a creer que sea un fenómeno cuya explicación se concentre exclusivamente en las aptitudes de los estudiantes. La destreza de los docentes para enseñar e interesar a los participantes, así como las formas de examinar el nivel de apropiación de los contenidos y su relación con la cotidianidad, deben tener alguna influencia en los resultados de la evaluación. Si queremos escuela de calidad, tenemos que reconceptualizar este proceso y comenzar a asumir la evaluación como una revisión periódica que se le hace a los estudiantes, maestros, programas, metodologías de enseñanza, así como al equipo de dirección pedagógica para determinar qué tanto avanzan los estudiantes en los propósitos académicos, el plantel en los objetivos propuestos y los maestros en sus competencias. La evaluación debe servir para identificar los nudos poblemáticos que impiden que los estudiantes de los diferentes grados y niveles progresen en sus aprendizajes. La escuela también tiene la obligación de forjar el carácter democrático y el respeto por los valores constitucionales como la justicia social, la independencia, la paz, la solidaridad y el bien común, y por eso la evaluación no puede reducirse a un arreglo privado entre maestros y estudiantes en el que se mida exclusivamente el dominio de la información. Debe ser, además, una posibilidad de descripción de las habilidades para vincular la teoría con la vida cotidiana y del nivel de apropiación de un conjunto de actitudes frente a la comunidad y la nación. Si la escuela quiere ser de calidad, debe acostumbrarse a ser examinada continuamente, de manera rigurosa, y todas las personas que son parte de la comunidad escolar deben ser sometidas a pruebas integrales, ejercicios de reflexión múltiple que les permitan saber si van por buen camino y, a eso, no se le puede temer, porque los resultados son solo datos que permiten identificar lo que se debe mejorar en la rutina escolar, el clima, los programas, las destrezas, las didácticas y en la escuela para ser un lugar con sentido y significado.

 

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