Opinión

Autor: Gustavo Márquez Marin

10:47 am
20
Mar
2015

Para ponderar la orden ejecutiva de Obama que declara “la emergencia nacional respecto de la amenaza extraordinaria e inusual para la seguridad nacional y la política exterior de los Estados Unidos que supone la situación en Venezuela”, hay que concatenarla con el principio de la política exterior imperial reafirmado por el mismo: “Tenemos el Ejército más fuerte del mundo y en ocasiones tenemos que torcerles el brazo a los países si no quieren hacer lo que queremos a través de métodos económicos, diplomáticos y a veces militares”. En seguidilla, el jefe del Comando Sur, John Kelly se sumó a la grisapa yanqui al pronosticar el pronto “colapso económico” de Venezuela, luego de que John Kerry alertase de que se produciría una “crisis humanitaria” en la región en caso de que Pdvsa dejase de suministrarles petróleo a los países caribeños.

Todos esos dardos apuntan a justificar una intervención militar estadounidense en Venezuela, basada en las doctrinas imperiales de la “seguridad humana” y la “seguridad nacional”. Obama anuncia el retorno de la política del “gran garrote” para América Latina y el Caribe, en el intento desesperado de un imperio que se desmorona, buscando reconquistar el terreno perdido en lo que históricamente ha considerado su “patio trasero” hacia el cual busca replegarse.

Ante la agresión imperialista que amenaza nuestra propia existencia como nación independiente y soberana, no tienen cabida posiciones ambiguas escudadas en llamados de atención sobre los problemas internos, los cuales sin duda existen pero deben ser resueltos solo por los venezolanos en el marco de la Constitución. En ningún caso podrían utilizarse como excusa para avalar una intervención extranjera.

Por ello, son deplorables las evasivas de Capriles & Co. y el comunicado de la MUD, porque tácitamente justifican la sanciones injerencistas y banalizan las amenazas del imperio. Es el momento de que el gobierno convoque a la unidad nacional para defender la patria y cohesionar a la nación en torno a un programa que tenga como eje la revolución cultural y productiva, para impulsar el desarrollo endógeno y superar el modelo rentístico petrolero, como única estrategia viable para enfrentar el bloqueo económico imperialista como lo hizo Irán en su momento.

 

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