Opinión

Autor: Darío Morandy

04:06 pm
17
Jul
2015

La actuación de la Exxon Mobil en el Esequibo no es tan reciente como parece. Lo nuevo es el plan que impulsa sus desafiantes acciones, sus renovados objetivos y las terribles consecuencias que suponen para Venezuela y la estabilidad política de América del Sur y El Caribe. Muchos vericuetos políticos (y diplomáticos) han desandado, mucho cómplice de oportunidad han comprado y, con ello, la falta de respuestas oportunas abren el camino a la desestabilización de la región como objetivo estratégico del Departamento de Estado.

En 1999 la Exxon Mobil recibió una concesión para explorar y explotar recursos petroleros en un bloque denominado Stabroek, ubicado en el territorio Esequibo. Venezuela protestó enérgicamente tal decisión del gobierno de Guyana. Le correspondió a José Vicente Rangel, como Canciller de la República, defender la postura del país. El proyecto se paralizó y la transnacional comenzó a definir nuevas estrategias para alcanzar su objetivo.

En diciembre del año 2009, un grupo de empresas transnacionales bajo la coordinación de Canacol Energy Ltd, a solicitud del gobierno de Guyana, presentó la “actualización del inventario de recursos petroleros existentes en el territorio Esequibo” y anunció que en exploraciones preliminares encontraron petróleo ligero (42° API). La Exxon Mobil participa en esta acción aunque de bajo perfil. Las transnacionales inician una intensa actividad en la cuenca del Takutú y las sabanas del Rupununi.

La instalación del gobierno de David Granger y la derrota del Partido Progresista del Pueblo (PPP), después de 23 años en el poder, se convirtió en una victoria para el Departamento de Estado y una garantía para acelerar el desarrollo de su plan de desestabilización de la región.

Un mes más tarde (enero 2010), el Coordinador de Asuntos Energéticos Internacionales de Departamento de Estado, David Goldwyn, visita Guyana para presentar un programa de asistencia técnica en materia petrolera. Durante 4 días desarrolló un productivo “lobby” que incluyó a representantes de las empresas transnacionales donde destaca la participación de los voceros de la Exxon Mobil.

A los pocos días el Departamento de Estado anunció la inclusión de Guyana en el programa “Iniciativa para la Gestión y Capacitación Energética” quedando claro su intervención directa en un plan que trasciende la simple explotación petrolera en Guyana. En junio de ese mismo año Hillary Clinton visita El Caribe para presentar su “Iniciativa para la Seguridad de la Cuenca del Caribe” con la certeza de abrir paso a la recuperación del espacio político perdido en El Caribe angloparlante.

El 29 de enero del año 2012, Donald Ramotar, redimensiona y formaliza la entrega del bloque Stabroek a la Exxon Mobil. En el acto, la empresa es representada por Svein Utskot, Paul Brown y Milton Chaves. Se consuma la entrega del Gobierno de Guyana a la transnacional en cumplimiento de algunas exigencias del Departamento de Estado.

La actuación apresurada de Donald Ramotar (con apenas 2 meses como Presidente) obedeció a la fragilidad política de su gobierno, tras una pírrica victoria electoral que le otorgó sólo 32 diputados de los 65 que conforman el parlamento guyanés. La oposición liderizada por “Una Alianza para la Unidad Nacional” (APNU, por sus siglas en inglés) y la “Alianza por el Cambio” (AFC, por sus siglas en inglés) lograron una minúscula pero decisiva mayoría de 33 diputados.

Estos resultados electorales son las consecuencias de las desviaciones del Partido Progresista del Pueblo (PPP, por sus siglas en inglés) fundado por Cheddi Jagan bajo los preceptos de una izquierda que proclamaba “Un Nuevo Orden Global Humanitario” y poco a poco fue degenerando hacía un pragmatismo de baja ralea. El sectarismo, la prepotencia, la descalificación de la crítica y el surgimiento de una corriente interna denominada “cívicos”, conformada por funcionarios de alto nivel como el Primer Ministro Samuel Hinds y la Canciller Carolyn Rodrigues-Birket en alianza con algunos dirigentes históricos como Bharrat Jagdeo, Robert Persaud, Donald Ramotar y Roger Luncheon colocaron al gobierno en manos del Departamento de Estado y consolidaron la participación de la Exxon Mobil como pieza fundamental de la política de Seguridad Energética de EEUU. Buscando su salvación, Ramotar selló su derrota porque en política el capital no suscribe ideología, simplemente busca garantizar mecanismos de acumulación.

En junio de 2014, “Goldwyn Global Strategies” y “New Atlantic Council Global Energy Center” presentaron al Departamento de Estado el documento “Energía incierta: La apuesta del Caribe con Venezuela” donde plantean la urgencia de aprovechar la caída en los precios del petróleo para acelerar las acciones contra PETROCARIBE, debilitar la influencia de Venezuela en El Caribe y al mismo tiempo afianzar la presencia de la Exxon Mobil, Shell, Andarko, CGX Energy, Tullow Oil Company, Canacol, Groundstar y otras transnacionales en el territorio Esequibo, ocupando las adyacencias del Delta del Orinoco. Estos lineamientos son llevados a la “Cumbre por la Seguridad Energética del Caribe” realizada en Washington, a comienzos de año, con la participación de todos los países de la CARICOM. A esta cumbre se le dio continuidad el 09 de abril de 2015, en Jamaica, con la participación de Barack Obama quien anuncia que la Exxon Mobil tiene el apoyo del gobierno norteamericano para sus labores en el Esequibo.

“La instalación del gobierno de David Granger y la derrota del Partido Progresista del Pueblo (PPP), después de 23 años en el poder, se convirtió en una victoria para el Departamento de Estado y una garantía para acelerar el desarrollo de su plan de desestabilización de la región”.

Con la llegada de Granger al gobierno, Guyana se consolida como epicentro de la gran jugada del Departamento de Estado en El Caribe por ser la sede de la Secretaría Permanente de la CARICOM y, en consecuencia, centro de las decisiones políticas del Caribe y por la sensibilidad que provoca en la comunidad internacional la controversia territorial con Venezuela.

El bloque Stabroek fue redimensionado, no es el mismo del año 1999. Son 26.806 Kmts. cuadrados que entran al Delta del Orinoco junto con los bloques Pomeron y Roraima. Allí se proyectó la pretendida ampliación de la Plataforma Continental que Guyana solicitó ante la Comisión de Límites de la ONU en el año 2010. Lo cual dejaría a Venezuela con una limitación para nuestra salida comercial al atlántico. Sería, prácticamente, un cierre parcial porque para acceder a esta salida tendríamos que pasar por la Zona Económica Exclusiva de varios países del Caribe.

Lo más grave es que al examinar el bloque Stabroek podemos constatar que, en esta ofensiva contra Venezuela, la Exxon Mobil no está sola porque la explotación de esta concesión se pretende desarrollar en alianza con la Shell y China National Offshore Oil Corporation (CNOOC) una corporación que depende directamente del Gobierno de la República Popular China. Esto agrega un elemento delicado a esta compleja situación que merece ser tratada, en toda su extensión, como un problema de Estado.

No es tiempo de aplazar verdades. La Exxon Mobil no llegó por azar al Delta del Orinoco. Tampoco es casual la desafiante actitud de Guyana. Una retahíla de desaciertos y aplazamientos innecesarios nos llevó a esta compleja situación. Con la respuesta de la Cancillería guyanesa parece agotarse el procedimiento de los “Buenos Oficios” en la controversia por el territorio Esequibo y nos conduce a la Corte Internacional de Justicia. Hay un nutritivo contencioso que nos da la razón, cualquier salida es posible, debemos construirla más allá del apasionado grito que reitera nuestros derechos. Ahora bien, cómo frenar la peligrosa presencia de la Exxon Mobil en el Delta del Orinoco mientras se desarrolla este largo proceso?

A riesgo de parecer fastidioso, quiero insistir que en este momento el Esequibo es una excusa para convertir a Guyana en la jugada del Caribe contra Venezuela. Una compleja jugada que nos exige una visión que vaya más allá de la reseña histórica y el contencioso con sus implicaciones.

 

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