Opinión

Autor: Gustavo Márquez Marin

10:45 am
24
Nov
2015

En dos semanas, los venezolanos tendremos otra oportunidad para reafirmar nuestra voluntad de vivir en paz y en democracia. Afortunadamente, disponemos de un sistema electoral automatizado, auditable y validado -antes, durante y después del evento comicial- por representantes de los factores políticos que compiten y los acompañantes internacionales, aunque Capriles y otros conspicuos representantes de la oposición, cuando los resultados les son adversos, “decretan” fraude sin pruebas promoviendo hechos violentos, como ocurrió en las elecciones presidenciales de 2013 con un saldo de 11 muertos y decenas de heridos. Con la descalificación del árbitro y la negativa a firmar el compromiso de reconocimiento de los resultados, parecería que andan en la misma onda.

De nuevo se han intensificado las presiones de la derecha internacional y el imperialismo estadounidense para intentar “doblarle el brazo” al pueblo de Bolívar y de Chávez, controlar la mayor reserva petrolera del mundo y darle un golpe mortal al proceso de integración de América Latina y el Caribe. Una AN dominada por la MUD buscaría crear una crisis política para activar una regresión constitucional, retomar el proyecto neoliberal arrasando con las conquistas sociales alcanzadas en la revolución bolivariana, con el retorno de viejas prácticas represivas “made in USA” para contener la resistencia popular.

A la guerra psicológica y el clima de tensión que ha caracterizado la polarización de los procesos anteriores, se suma el descontento y la angustia que vive el pueblo debido a la prolongada escasez, la inflación galopante y la caída de la actividad económica. En ese contexto, el gobierno no ha logrado articular un plan efectivo para enfrentar la crisis ni realizado una revisión autocrítica para rectificar los errores, enfrentar suficientemente la corrupción y el burocratismo enquistado en el aparato del Estado, lo cual ha creado desesperanza, descontento y un estado de ánimo desmovilizador en sectores del chavismo. Sin embargo, lo que está en juego el 6-D no es un objetivo meramente coyuntural, sino la posibilidad de relanzar la revolución o perecer en el intento. Por ello, para los chavistas críticos, la abstención no es una opción, sino el voto crítico apostando por la revolución.

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