Opinión

Autor: Roberto Hernández Montoya

02:47 pm
21
Mar
2015

Cuatro, hasta donde puedo ver: orden ejecutiva que declara de modo desproporcionado y redundante a Venezuela como “amenaza inusual y extraordinaria”, con la consiguiente “emergencia nacional” que, mira tú, no divulga; la Reserva Federal de los Estados Unidos declara tracalero un banco de Andorra, lo cual provoca su intervención afanosa; los Estados Unidos se arrogan el derecho ilimitado a intervenir por doquier para combatir a quienes declare terroristas a su solo e inapelable juicio, o sea, ha declarado la guerra al planeta; matanza de afrodescendientes como faena diaria e impune.

No es paranoia, aunque solo los paranoicos sobreviven, ha dicho Andy Grove, el dueño de Intel, que algo debe haber aprendido en el relancino ambientico empresarial gringo. Los hechos están ahí para que los vea quien tenga ojos y los oiga quien tenga oídos. Aunque hay quien tiene ojos y oídos, pero ni ve ni oye. Tal vez lo está dejando para cuando le caigan las bombas, el napalm, las armas experimentales y sufra las espeluznantes secuelas de una guerra. Es alarmante ver cómo el lavado cerebral mediático enceguece y ensordece a millones. Objetivamente hablando, es una conducta suicida, como la de los libios que caceroleaban a Gadafi y ahora están sin agua, sin luz, sin seguridad, sin hospitales, sin comida, sin familia, si es que aún viven.

No hay país donde el Imperio se haya injerido que no sea un caos y una devastación. No hay excepciones. Y ahora, luego de ruinas estruendosas por todo el mundo, se muestra cada vez más nervioso y perturbado. Cada vez reconoce menos límites, su jurisdicción incluye la sala de tu casa y el cuarto de tu bebé, contra toda ley internacional. O sea, la barbarie.

De todos modos, por el flanco contrario, emociona que tantos países y pueblos hayan expresado de modo inequívoco su solidaridad contigo, conmigo, con tu bebé.

Lo que el alto Gobierno de los Estados Unidos ha hecho desde la Orden Ejecutiva hasta hoy es el ridículo. Y daría más risa si ese gobierno maníaco no tuviese un presupuesto militar que cuadruplica el de China y Rusia juntos. El filósofo francés Claude Roy dijo una vez: “La verdad es demasiado dura para decirla sin hacer reír”. Es una de las cosas que siempre trato de hacer. Hoy no.

 

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