Salud

13
Jul
2016

La polución mata. No es una novedad, pero las alarmantes cifras que no dejan de sucederse en los últimos años sí lo son. Y espantan. No tanto por remarcar una situación nueva, sino por el impacto que produce conocer el problema a nivel mundial al traducirlo en el lenguaje de las estadísticas.

Lo cierto es que hasta ahora no se habían hecho estudios globales tan completos y ambiciosos como los que tenemos hoy en día, en especial gracias a la labor que realiza Naciones Unidas (ONU) a través del Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente (Pnuma).

Sin ánimo de ser alarmistas, sin embargo, la conclusión no deja otra opción. Lo dice el último estudio de la ONU, y es fácil entender que su declaración de la polución ambiental como una “emergencia de salud pública mundial” no aconseja andarse con paños calientes.

Su análisis de los efectos de la mala calidad del aire sobre la vida se traduce en todo lo contrario: los decesos. Según el estudio, la polución atmosférica mata al año a cerca de siete millones de personas en todo el mundo.

Como nota positiva, se destaca que en algunas cuestiones se han realizado progresos a la hora de reducir la polución, pero éstos son desiguales. Moraleja o, si se prefiere, conclusión a nivel político: solo mediante políticas eficaces, que busquen reducir el problema como lo que es, una “emergencia de salud pública mundial”, se lograrán resultados.

O lo que es lo mismo, los avances en determinados países, aún siendo sectoriales, salvan vidas y, desde un enfoque de prevención, demuestran que la política puede hacer mucho para lograr esa diferencia que logre el binomio menos polución, más salud pública.

La polución urbana crece

Difundido en el marco de la II Asamblea General de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente, celebrado esta semana en Nairobi (Kenia), el estudio arroja cifras relativas a la contaminación atmosférica en las urbes correspondientes al periodo comprendido entre 2008 y 2013.

Los niveles globales promedio aumentaron en las ciudades un 8 por ciento entre 2008 y 2013, y más del 8 por ciento de quienes residen en áreas urbanas están expuestos a niveles de calidad del aire que exceden los límites recomendados por la Organización Mundial de la Salud (OMS).

La pobreza agrava la situación

Se trata de un mal común, si bien se ceba especialmente con las personas que habitan en áreas urbanas de los países pobres. Aún así, es importante remarcar que se trata de algo que ocurre en todas las regiones del planeta.

Estas desigualdades, sin embargo, son las que han dado pie al Pnuma para pedir que los países con cifras más preocupantes se involucren de forma decisiva para cambiar las cosas.

En concreto, se insta a ello en el informe titulado “Acciones sobre la calidad del aire”, uno de los presentados por el Pnuma. Y sus razones son más que convincentes.

Simple y llanamente, deben tomarse más medidas para salvar siete millones de vidas cada año, apuntan. En palabras de Achim Steiner, director ejecutivo de la organización:

Estamos haciendo progresos en la contaminación del aire, pero el hecho es que muchas personas están respirando aire fuera de los estándares de la Organización Mundial de la Salud. Los costes sanitarios, sociales y económicos son enormes y van en aumento.

Mejoras a nivel exterior e interior

El camino a seguir, según el informe, lo marcan las mejoras logradas en aspectos muy concretos, como por ejemplo poder beneficiarse del acceso a combustibles más limpios a nivel cotidiano.

Entre otras posibilidades, para mejorar el ambiente interior del hogar, por ejemplo, a la hora de cocinar y calentarse en casa. O, cómo no, poder vivir en un entorno urbano menos polucionado gracias a un aumento del parque automovilístico eco, ya sea híbrido o idealmente eléctrico. Y, por supuesto, también a través de medidas de fomento del transporte público y otras políticas relacionadas con la movilidad sostenible.

Sobre estos puntos críticos, el trabajo destaca que el acceso a combustibles más limpios en el hogar ha dejado de ser una utopía en muchos países. En cifras, 97 de los 194 países analizados superan el 85 por ciento de hogares que tienen acceso a ello.

A pesar de los avances, todavía hay mucho por hacer y las cifras que apunta el informe sobre esta cuestión son muy ilustrativas. De hecho, más de 3.000 millones de personas todavía utilizan combustibles sólidos y cocinas ineficientes. Y, por otra parte, sólo una cuarta parte de los países han avanzado en estándares orientados a reducir la contaminación de partículas pequeñas que emiten los tubos de escape, las más peligrosas.

Cerremos este post con buenas nuevas. El informe destaca que los coches eléctricos cada vez son más numerosos y algunos países han aumentado el reciclaje de residuos. Todavía más esperanzados es que la mayoría de los estados dispongan de leyes relativas a la calidad del aire.

Eso sí, su cumplimiento es harina de otro costal. Y, por otro lado, menos de un tercio de los países han adoptado normas de emisiones ‘euro 4’ o superiores. A su vez, menos de un 20 por ciento regulan la quema de desechos, por lo que la incineración sigue siendo una de las principales causas de la contaminación atmosférica.

Pero no dejemos que el optimismo decaiga. Si bien los combustibles fósiles siguen llevando la delantera, al menos 83 países incentivan la inversión en la producción de energías renovables e impulsan tanto las medidas de eficiencia energética como el uso de equipos de vigilancia de la contaminación.

Ecología Verde

 

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